Semana de la concienciación de los Trastornos del Aprendizaje
Esta semana se conmemora la Semana de Concienciación sobre los Trastornos del Aprendizaje, una problemática que se manifiesta con frecuencia en el ámbito escolar y que afecta tanto a los niños como a sus familias, pudiendo generar dificultades académicas y conductas desafiantes.
A pesar de su relevancia, este tema suele ser poco abordado y está intrínsecamente relacionado con el concepto de neurodiversidad. Para explicar brevemente; “los trastornos específicos del aprendizaje son trastornos del neurodesarrollo que se caracterizan por dificultades persistentes en la adquisición y uso de habilidades académicas, sobre todo en lectura, escritura y matemáticas, a pesar de recibir una instrucción adecuada, contar con una inteligencia suficiente y tener oportunidades de aprendizaje apropiadas.” (DSMV).
Las dificultades en el aprendizaje de matemáticas, lectura y escritura no solo impactan el rendimiento escolar del niño, sino que también son cruciales para su desarrollo personal y autoestima. Muchos de estos niños, como lo fui yo en su momento, son catalogados como “el niño problema”, un niño conflictivo y problemático, que enfrenta dificultades académicas y sociales. Esta percepción conduce a que algunos docentes rueguen no ser asignados a su cuidado y que se les advierta sobre su comportamiento. Estas actitudes son, sin duda, deplorables.
Es importante reconocer que los maestros no son los únicos responsables; la crianza en el hogar, la personalidad del niño y su percepción del entorno también juegan un papel fundamental. Lo que puedo afirmar con certeza es que NUNCA es culpa del niño, y jamás debería ser rechazado o etiquetado por sus profesores.
En mi experiencia personal, crecí con una percepción distorsionada de mí misma. En casa, era vista como la niña más querida y consentida. Si bien esto no es incorrecto, los padres deben establecer límites claros y hacer entender al niño que el mundo exterior no siempre lo percibirá de esa manera. Uno de los síntomas de mi trastorno de aprendizaje fue la falta de filtros, una habilidad que se desarrolla en el lóbulo prefrontal. Por lo tanto, fui una niña que expresaba sin reservas lo que pensaba y sentía, lo cual resultaba molesto y desafiante.
No deseo extenderme demasiado sobre mi experiencia personal, pero en esta semana dedicada a la concienciación, quiero tranquilizar a los padres: los problemas que parecen persistir en el colegio NO definen a su hijo, y NO los definen a ustedes como padres.
¿Qué recomiendo? Si observan que su hijo enfrenta dificultades sociales o académicas, es fundamental acudir a un profesional competente. Estar en manos de un buen especialista es crucial, ya que, de lo contrario, se pueden enfrentar a otra “pesadilla” (tengo un artículo al respecto). Si las dificultades son sociales, busquen un psicólogo o un orientador. Si son académicas, un logopeda, neuropsicólogo o orientador puede ser de gran ayuda. Es vital actuar con prontitud; no pospongan la intervención pensando que “mejorará con el tiempo”. Si se actúa a tiempo, pueden evitar mucho sufrimiento tanto para su hijo como para ustedes.
Finalmente, un mensaje para los educadores y profesionales del ámbito educativo: un niño jamás debe ser considerado culpable de sus actitudes, dificultades o errores. Nuestra labor como profesionales es guiarlos, acompañarlos y dejar una huella positiva en sus vidas. No seamos cómplices de los posibles traumas que puedan afectar su futuro.
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