Todos tenemos sueños, pero al vivir con parálisis cerebral, algunos parecen imposibles; de hecho, algunos lo son. Sin embargo, muchos otros se hacen realidad, siempre y cuando ese sueño sea más grande que las adversidades que conlleva la discapacidad.
Cuando era adolescente, quería ser DJ. Siempre he hecho las cosas con el pie y tengo la fortuna de contar con una familia —y especialmente una mamá— que me ha brindado las herramientas para salir adelante. Una de esas herramientas fue mi primera computadora, con la que tomé cursos básicos de Windows, Office y un poco de programación.
Siempre me ha atraído más la música que la televisión. En aquel tiempo, escuché a un locutor de radio que mezclaba ritmos electrónicos con cumbia y banda; eso me cautivó y busqué la manera de hacer mis propias mezclas en la computadora. Descargué muchísimos programas (¡y muchos virus también! jaja). Todo el software estaba en inglés y, como mi dominio del idioma era limitado, aprendí a editar audio guiándome por los iconos de los botones: “Archivo”, “Nuevo” o “Guardar”. Una vez que tuve varios mixes listos, mi
sueño era que alguno se transmitiera en la radio.
En un festival de rock conocí a Rafa Martínez, dueño de Riff 111, un sitio especializado que también tenía radio. Empezamos a chatear y, como él me recordaba de aquel evento, le hablé de mis mezclas. Tras escucharlas, me ofreció cinco minutos en su programa semanal.
Así fue como empecé a conocer el mundo de la radio y me encantó tanto que, meses después, le pedí la oportunidad de tener mi propio espacio.
Hice un piloto con la ayuda de mi sobrino Bruno, que entonces tenía 7 u 8 años; yo escribía el texto y él leía las presentaciones de las canciones. Luego, yo pasaba días editando el programa de 30 minutos. Cuando Bruno no podía grabar, usaba un software de texto a voz
y aprovechaba las distintas voces para inventar personajes como “Rockbot” y “El locutor sin nombre”. El programa se llamaba Rock a Control Remoto, porque lo enviaba directamente desde mi casa. Posteriormente, colaboré en otras estaciones en línea como Rockanrolario y Vox Zone, donde mi participación resultó interesante por ser un giro distinto con rock urbano, los personajes, secciones de fútbol, etc.
Después llegó el “boom” tecnológico de las redes sociales y las plataformas de streaming, lo que le restó protagonismo a la radio en línea. En mi opinión, la radio por internet sigue existiendo, pero más como un complemento de los sitios web que como su eje central. Esto
me impulsó a dejar la radio para aprender a crear contenido y generar tráfico en redes sociales, abriendo páginas sobre fútbol, música y discapacidad. He aprendido que no se trata de subir cosas por subir; se trata de pensar estratégicamente a qué público te diriges.
En redes sociales fundé “Un aficionado más”, un blog donde publicaba notas diarias de fútbol y, los fines de semana, ofrecíamos marcadores al momento. Conté con el valioso apoyo de Gloria Vega y Julio Vega; juntos cubrimos el Mundial de Brasil 2014, y las
estadísticas confirmaron que ese evento fue un éxito rotundo para nosotros.
Posteriormente, decidí fusionar música, deportes y discapacidad en una página de Facebook y un perfil bajo el nombre @joseconcarrok. En este espacio, mi personalidad es “yo mismo multiplicado por diez”. Lo hago porque el fútbol está lleno de fanatismo: cuando emites opiniones fuertes y argumentadas, te vuelves incómodo. En un país con altos índices de analfabetismo, esa incomodidad suele traducirse en insultos.
Las ofensas y burlas aumentan cuando los usuarios notan mi discapacidad. Ante la falta de argumentos futbolísticos, recurren al ataque personal por mi uso de la silla de ruedas o por escribir con el pie. Sé que esto no está bien, pero entiendo que mucha gente en México vive
frustrada por diversas situaciones sociales y usa las redes para desahogarse. Al detectar esto, aprendes a crear contenido que detone ciertas emociones y a “jugar” con tu propia discapacidad; sin embargo, para lograrlo, se requiere tener la mente clara y la “piel gruesa”.
Gracias a este proyecto, Bárbara Anderson conoció mi trabajo y me ofreció empleo en un sitio especializado en discapacidad. Meses después de que ella dejara el portal, de igual manera salí por otros motivos. En estos 18 años de trayectoria he colaborado en varios
espacios, siempre entregando resultados.
Actualmente realizo videocolumnas para YouTube, Instagram y Facebook. Duran un minuto en promedio, pero detrás de ese tiempo hay dos o tres horas de trabajo: pasando texto a voz, editando y estudiando las nuevas formas de comunicar. Aunque estas nuevas tendencias de conexión social a menudo ignoran a las personas con discapacidad, es precisamente ese desinterés el que me ha impulsado a dominar diversas aplicaciones por mi cuenta.
Ocasionalmente me escriben personas con discapacidad que quieren abrir una fan Page o canal de YouTube, y preguntan, ¿Cómo le haces? Y les explico, y al final no lo hacen, porque dicen, “Es mucho” o ¿Me haces mi página?, otros quieren entrevistar a personas
que he entrevistado, pero lo quieren de un día a otro, creen que te haces millonario y algunos creadores sí, son famosos y monetizan, pero son pocos, entre millones, y para ser ”famoso” y que noticieros o programas de televisión te entrevisten, tienes que aprender cómo funcionan las redes, el algoritmo de YouTube, saber para qué eres bueno, o sea todos cantamos bien o mal, a algunos ni se nos entiende, pero no todos damos conciertos, ni nos pagan por cantar.
Es cuestión de identificar para qué cosas eres bueno, hacerlo por gusto, ser constante, actualizarte, pedir oportunidades en 10 lugares y quizá en uno te den espacio. Y ya después si te quieren entrevistar que bueno. Yo solo quería poner canciones en una radio y fue lo primero que hice, lo demás ha sido ganancia, y es producto de intentar continuar vigente y continuar aprendiendo.
Finalmente, agradezco a Sara Ruiz por permitirme expresar mis ideas y continuar como columnista en Planeta Inclusión. Conocí a Sara hace un par de años a través de sus reels de Instagram; en aquel entonces la entrevisté porque su contenido me pareció muy interesante. A finales de enero de este 2026, decidí retomar mi faceta de columnista y ella amablemente me abrió este espacio, gesto por el cual estoy muy agradecido.
¡GRACIAS POR ESTOS PRIMEROS 18 AÑOS!
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