La importancia de la vocación
A lo largo de mi trayectoria profesional, me he topado con increíbles profesionales, quienes me han enseñado la belleza de amar lo que haces, quienes se ve en su trabajo, en sus familias y en sus pacientes que son realmente felices desempeñando su labor, psicólogos, profesores, logopedas, médicos. Desafortunadamente podría decir que en la misma cantidad también me he cruzado con profesionales que tienen déficit de -para mí- lo más importante de un profesional de la salud: vocación. Personas que estudian lo que estudian para obtener una buena plaza, con buenas condiciones, buen sueldo y gozar de las vacaciones escolares. Pero las ganas, la pasión y el amor
por su trabajo, brillan por su ausencia.
Esta reflexión no es para juzgar, sino para hacer un ejercicio de conciencia a todos aquellos que trabajamos con seres humanos. Evidentemente todos los trabajos son igual de importantes, y es igual de importante que hagamos lo posible por sentirnos realizados laboralmente, pero definitivamente no será lo mismo que alguien haga sin ganas y con “desprecio” una labor en una fábrica en donde hay nulo contacto humano, a que un profesor trabaje sin ganas, despreciando a un niño y encima a un niño con necesidades educativas
especiales.
Sea en el ámbito público o privado siempre habrá injusticias, habrá situaciones que se salen de nuestro control y que incluso se saldrán de nuestra área de conocimiento. Por ejemplo, si una profesora no tiene conocimientos en el trato con una persona con discapacidad y tiene un alumno dentro del trastorno del espectro autista se enfrenta a un gran reto, pero siempre será importante recordar que la culpa de que no haya los recursos necesarios para tratar con ese alumno NO es del alumno, tampoco es de sus padres, es de las instituciones que no priorizan en invertir para el sector discapacidad. En el momento en que nosotros decidimos estudiar y llevar nuestra vida laboral por el ámbito de la educación o salud, somos conscientes de que probablemente nos enfrentaremos a estas situaciones, son “gajes del oficio” y lo que no puede pasar es que desquitemos ese enojo, esa frustración con un alumno y su familia; no haciéndolo sentir bienvenido, valorado y apreciado ya que eso a futuro genera muchos traumas emocionales y el sufrimiento por el que pasan los padres es muy grande.
Hay que mostrar empatía ante todas las familias con las que tratemos, pero hacer un especial énfasis en las familias con personas con discapacidad, recordando que ya están pasando por un duelo, el duelo del diagnóstico, el comienzo de situaciones y decisiones complicadas, para también tener que tratar con el rechazo evidente de un colegio y de sus profesionales, me parece algo muy “cruel” y algo totalmente opuesto a los valores de nuestra labor.
“La vocación es la inclinación, pasión o «llamado» interno hacia una forma de vida, profesión o actividad específica, que alinea los intereses, habilidades y valores personales con el propósito de vida.” Esa es la definición de vocación, y hoy hago un llamado a todos aquellos profesionales que trabajamos con personas para reflexionar si estamos actuando con vocación ante situaciones que nos enojan, frustran y salen de nuestro control.
Escribo esto por todos los padres que están pasando por situaciones difíciles en los colegios de sus hijos, por todos esos niños que son rechazados e incomprendidos y también para reconocer y valorar el gran trabajo de todos los profesionales que van más allá de sus responsabilidades y obligaciones para hacer sentir a todos PARTE DE.
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